Con la desvariante sinceridad de las jovencitas descaradas hablaban de largos viajes por extensas llanuras de piel blanca y suave,
orientadas por constelaciones de lunares que se ocultan en pronunciadas montañas o que reposan silentes a la orilla de ondulantes valles.
Con pícara emoción hablaban de aventuras entre lisos cabellos que se enredaban en sus dedos,
de estaciones de larga y deliciosa espera entre los labios abiertos,
de despedidas que acallan palabras inútiles.
Con su voz cargada de esperanza
mis manos hablaban de viejas citas y reencuentros.