
Este año tampoco tampoco sirvió el chocolate caliente en la cena de año nuevo,
este año se levantó de su cama y
sentada en el sofá de hace tantos años,
con la inquietud renovada escuchó, preguntó ...
y sonrió!!! llena de la fuerza física que llega cuando los recuerdos recientes la abandonan pronto y dan paso a los de hace tiempo.

Como cada año, luciendo un vestido nuevo y su tradicional y esmerada trenza,
observó paciente y silenciosa la llegada del año nuevo,
recibió los multiples abrazos que llegaban desde las alturas,
de sus nietos, de sus hijos, de los visitantes,
entregó los suyos, enormes, para todos y para cada uno.
Gracias por permitirnos compartir un año mas, por una nueva celebración, por un nuevo día.
Para ellas, para ustedes, para todos los que se sumaron a mi vida física, a mi vida espiritual, para todos los que han aportados recuerdos, mi agradecimiento precede a mis deseos.
Gracias por las sonrisas; aprendí que no tienen precio.
Gracias por compartir alegrías y tristezas; aprendí a compartir las mias.
Gracias por los sueños nuevos, los realizados, los aún inconclusos; he aprendido a no abandonar ninguno.
Gracias por los retos; he aprendido a crecer con ellos.
Gracias por las manos que se tendieron para mi; he aprendido a tomarlas con humildad, he aprendido a tender la mia sin interés.
Gracias por las oportunidades que llegaron, las que llegarán, seguiré aprendiendo a buscarlas.
Gracias.