diciembre 31, 2008

... Que recibí millones de páginas en blanco.

Fue uno de los regalos de esta navidad, y me encanta. Lo recibo feliz, lo recibo ansioso por empezar a llenarlas. Ahora mismo me resulta un tanto difícil enfrentar el reto de escribir sin recurrir al tradicional balance al que invita la fecha, balances de sumas y restas, intenciones, deseos … nostalgias.

Hace dos años que mi nona no nos sirve el chocolate la noche de navidad. Hace dos años que se queda en cama y que nos sentamos junto a ella a compartir, como cada noche desde que tengo memoria, una cena tradicional y sencilla. Deseo sentarme junto a ella muchos años mas, deseo muchas tazas de chocolate, deseo llevarle muchos regalos aun cuando se que nos lo abre y los guarda tras esa cortina en su cuarto, los guarda para … después?

Hace unas noches la conversación sucedió en un lugar diferente. En el sofá de casa, uno frente al otro. Todavía hablamos mucho mientras estamos tirados en la cama, en las horas destinadas a la siesta tras las noticias del medio día, o en las horas, largas horas, antes de dormir. Esta charla, con ocasión de una lectura que me arrancó varias lágrimas, tuvo un matiz diferente. La vi sensible, la vi maestra, la vi experta, la vi cansada. Deseo pasar muchas horas nuevas, no importa el lugar ni el momento, hablando con mi madre.

Hace un par de días erré nuevamente en el regalo. Una vez mas tuve la intención de hacer algo diferente, de descubrir lo que era mejor, lo que era su deseo. No lo logré, aunque estuve cerca, sólo se interpuso el aire acondicionado del gran salón. Sentada en la sala de casa me esperaba y, evidentemente feliz al verme, con argumentos contundentes, y demasiado solemnes, me informó su decisión. Deseo verlo recibirme siempre, deseo su abrazo de hombre fuerte, deseo que mi padre decida, como le plazca, lo que quiere que le regale.

Eligió una fecha dura para morir, 23 de Diciembre. Le regaló a su hija la visita de ese nieto que crió, el mismo que hace 8 años partió a perseguir su vida, tal vez a huir de la de otros. Me regaló la confirmación de hacer lo correcto al ignorar algunas llamadas, perder algunas noches de fiesta y rechazar algunas invitaciones. Confirmé que prefiero estar ocupado en otros excesos, en casa, en casa de las tías que caminan con mi madre en las mañanas, en la de quienes madrugan a tomar un café y saludar a mi nona, su madre, su suegra. Deseo esos excesos de cariño sencillo, simple y sincero.

Hace algunos meses que mi conciencia tomó una forma humana, grandiosamente humana. Hace unas semanas que retomé una conversación fluida con la conciencia. Deseo que siga, franca.


No pude evitarlo, quedan aquí algunos de mis deseos, quedan aquí algunas de mis nostalgias, quedan aquí algunos de mis propósitos.

noviembre 03, 2008

… Que, una vez mas, parado en la fila, me pregunto “qué hago aquí?”.

No recuerdo cual fue la primera vez que me subí a una de estas y por eso no sé si fue o no agradable. Recuerdo, si, algunas veces en que, ejerciendo el claro y evidente poder de decisión sobre subir o no, he decidido intentarlo y tratar de identificar el motivo por el que mucha gente corre para ubicarse rápidamente en un lugar de la fila que le permita sentarse en el primer carrito y gritar mientras levanta sus brazos, o balancea sus piernas sostenidos por unos rígidos anclajes en sus hombros, pecho y cintura. Todas aquellas veces, atendiendo al impulso y ánimo (algunas veces empujones) de el/la/los acompañante(s) he accedido a pararme en la fila para anclarme allí sentado, nunca el primer carrito, y esperar a que la tecnología física y la energía cinética interactúen.

El comienzo es lento, siempre, un viaje corto que permite disfrutar de vistas de altura, de sentirse observado por ojos expectantes en cabezas que cada vez se hacen mas pequeñas, un viaje que, en mi caso, nada tiene que ver con los segundos que lo suceden. Las vistas de altura desaparecen porque cierro mis ojos, no consigo abrirlos y sólo consigo gritar insultos contra mi mismo y contra quien está anclado(a) junto a mi y que seguramente grita de emoción con los ojos muy abiertos y sus brazos en el aire. La adrenalina inyectada a gran velocidad y en caída libre no me gusta, no me embriaga, me enferma. Los segundos o minutos del viaje parecen horas, horas que no disfruto y que deseo terminen cuanto antes. Al bajar, pálido, mareado, bañado en sudor frio y con temblores en piernas y manos, camino hacia la salida, empujado por algunos que corren para hacer una nueva fila, para repetir ese viaje.
No, no las he disfrutado y no sé si alguna vez llegue a disfrutarlas. Sólo pido una cosa, no me empujen, yo mismo me ubico en la fila.

octubre 13, 2008

... Que quiero hacer un regalo.

Sonrisas, y miradas, y abrazos fuertes y sinceros. Verdades. Y estas palabras.
La tarde en que descubrí de nuevo el movimiento de las nubes, y las noches de frio, el abrigo.
Los bosques que añoro, las montañas que admiro y que me miran. Las huellas sobre la hierba de infancia, el olor del campo.
El sol que sonríe, el sueño que dibujaron para mi.
Una flor; sólo una.
El calor de un té que descubre nuevos mundos y que habla de aventuras nuevas, de aventuras viejas.
Los proyectos olvidados, las vías de trenes y el reloj de cada estación, detenido. Mi espera.
El reflejo del espejo y la cama deshecha.
Las páginas pasadas, las que aún no llegan. La historia contada;
… y el silencio, regalo mi silencio.

septiembre 21, 2008

... Que arranqué una hoja a mi cuaderno.

Es una hoja de color blanco sucio, la recorre de arriba a abajo una línea roja y de izquierda a derecha muchas líneas azules que se parecen diluirse en sus bordes. La arranqué para que hagas un avión, un avión para mi, en sus alas quiero que dibujes un cordero, y una boa cerrada.
En ese avión quiero recorrer quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y una estrellas. Quiero entrar un bosque de baobabs esquivando a la tropa de elefantes que, uno encima del otro, empiezan a comer las hojas ya antiguas de sus copas. Quiero recorrer el asteroide B 612 de la mano del astrónomo turco, en su traje de astrónomo turco, y antes de partir calentar en uno de sus volcanes el café para mi viaje. Quiero ver miles de rosas en el séptimo planeta, quiero sentir sus espinas, y quiero las orugas y las mariposas. Quiero asistir al ballet de faroleros y ver las puestas de sol cuando mi avión se detenga sobre una montaña color miel. Y quiero, con mi corazón, ver el corazón de muchas personas grandes.

septiembre 12, 2008

... Que quiero ver como el mar se enfría.


Recuerdo amaneceres hermosos en los que las montañas entregan el sol; en cada amanecer son las montañas quienes descubren su velo de bruma vertical para dejar que la luz y el calor me cubran. Recuerdo atardeceres hermosos de venados de fuego donde el sol se oculta entre llanuras, o entre las montañas que en la misma mañana lo vieron aparecer frente a ellas, atardeceres hermosos donde el sol se apaga en el agua del mar azul para calentarla y abrigar mis pies helados en la playa.
Pero no recuerdo que el mar me devuelva el sol; las montañas han hecho lo suyo, aunque las nubes densas y la lluvia fría algunas veces traten de impedirlo, cada mañana lo entregan para mi disfrute. En cambio el mar, todas las noches se ha quedado con él, no lo he visto nunca entregar el sol para que el cielo azul lo reciba, no he visto la corona del sol ascender desde el horizonte marino. No recuerdo un cielo clareando mientras el sol lo llena. De cara al mar siempre he visto su partida.
Quiero, un día, tener la oscuridad de las montañas a mi espalda, quedar de pié entre ellas y un azul nocturno que se rinde al fuego solar, quiero que el agua del mar se enfríe de nuevo en mis pies, quiero que la brisa, con un calor nuevo, golpee mi cara y despierte mis sentidos.
Quiero un amanecer frente al mar.

agosto 13, 2008

... Que algunas hojas están cansadas.

En las próximas semanas las hojas de los árboles del hemisferio norte realizarán una danza mortal en los vientos frescos, cayendo al suelo, tapizando los bosques y las aceras. Algunas de ellas han empezado a vestirse para su funeral en brillantes ocres dorados por el sol. Y algunas, las mas inquietas y tal vez suicidas anticipadas, se han lanzado ya cansadas de bailar en las alturas, rindiéndose a los primeros vientos y entregando su existencia para que estos las lleven. Las que quedan, muchas todavía, se aferran fuertes y resisten verdes.
Los árboles empiezan a desnudarse. En un erótico baile acompasado hoy me invitan a añorar los fuegos del invierno, fuego en la piel de los amantes de chimenea, fuego en el calor del vino tinto, en el largo cuello blanco que renuncia a su bufanda. Se tomarán su tiempo, hoy sólo dejan caer pañuelos de Mademoiselle para que los últimos románticos les cortejemos acariciados por el viento que hoy les saca del letargo.
Les expiaré y compartiré su frio y su abrigo. Y recibiré el aroma del las hojas cuando, cansadas de aguantar, sucumban a los vientos de entonces, fríos, fuertes. Se cansarán todas las hojas, desnudarán los árboles para cambiar su piel, preparándonos para maravillarnos con las nuevas flores que, jóvenes e inquietas, los cubrirán nuevamente, cuando añoremos el cálido sol que hoy las viste del color de la tierra en la que morirán finalmente.

agosto 03, 2008

... Que en Granada no parecen ser de culos estrechos.

Fue lo primero que pensé cuando subí al autobús en Granada y las conversaciones de todos los pasajeros me llegaron de golpe. Para que esto fuera inmediatamente comprensible tendrían que haber asistido todos a esa clase en que Manuel, uno de mis compañeros en el AMP, interpretaba a la perfección a un empleado ejemplar y se defendía argumentando que las políticas de la compañía eran de culos estrechos. Tengo que pedirles un favor, con su propia fuerza abdomino-pélvico-perineal estrechen el suyo, traten de mantenerlo así por algunos minutos. Al cabo de un ratito se sentirán incómodos, la tensión de allá se propagará por todo su cuerpo y sus expresiones faciales no serán amigables, fruncirán el ceño y andarán muy calladitos. Entendido?

Sólo conozco 3 ciudades de Andalucía, pero creo que son muestra suficiente para concluir que aquí la gente es diferente, y atención, no estoy comparando en ningún sentido de bondad y otros adjetivos, simplemente, diferente. Será por el calor abrasador? Abrazador? por la influencia de los vientos salados? por el alma marinera? Por los siglos de convivencia de otras razas y costumbres? No puedo responderlo, pero por algún motivo, aquí, como en cualquier otro país, la gente de cada región tiene su identidad, y bueno, la Andaluza logró cautivarme.


La inmensa mayoría de los meseros, guardias, caminantes y en general, la gente en la calle, fue amable. En los restaurantes, y en todos los bares, había música. Y las mujeres …


Las mujeres Andaluzas merecen, y de seguro ya las tienen, miles y miles de líneas escritas, canciones que hablen de su andar elegante; prosas y poemas inspirados en sus ojos color miel como su piel, azules como el cielo del verano y verdes como los jardines de la Alhambra; relatos de hombres que sucumben a su acento y que piden que, al oído, una mujer recite su condena a muerte.


Hace unas horas partí de allí, partí cautivo de sus teterías, fuentes y azulejos, de sus murallas, alcázares, catedrales y mezquitas, de sus cantaoras y castañuelas espontáneas, de sus jardines y cultos al agua; volví voy cautivo de su gente, y de sus calles, estas si, muy estrechas.

... Que eran olivos.

Como era de esperarse, el tren salió con puntualidad europea de la estación, y yo, con varios años de retraso, sentía nuevamente el talle de una mochila en los hombros. Destino inicial: Granada.
Así inicié uno de esos viajes que se disfrutan desde sus escasos, casi inexistentes preparativos. Confieso que compré con anticipación los billetes del tren, además, reservé el hotel para todas las noches que pasaría en cada lugar. En estos hechos se hizo evidente que he perdido algo del ímpetu de hace algunos años y que ya no puedo ir tan ligero de equipaje, (también es evidente que mi tarjeta de crédito ha ganado cupo); normalmente, las pocas veces que reservaba el albergue con anticipación lo hacía sólo por una noche, para entonces no sabía cuanto tiempo permanecería en un lugar, no importaba.

A medida que avanzábamos iba descubriendo nuevos paisajes y nuevos pensamientos venían a mi mente, y viejos también. Personajes y personalidades se acercaban a recordarme su existencia, la mayoría aunque no todos, sin reproche evidente. A muchos saludé, con muchos me entretuve por varios minutos, con algunos concluí y con otros acordé conversar de nuevo. A otros tantos ignoré deliberadamente y los invité a abandonarme permanentemente. No les pedí disculpas.
Poco a poco me encontraba de nuevo en una deliciosa rutina adquirida, la única que me permitiría mantener los próximos días, una rutina que me llenó de felicidad extática y que confirmó que no todo estaba perdido. En La Guia Verde, que había comprando un tanto reticente hacía algunas semanas, me fui perdiendo entre los siempre insuficientes mapas, las poco actualizadas secciones de “Donde Dormir: … ” o “ Para Comer: …”, las brevísimas descripciones de historia, costumbres, tiempo, etc. Qué delicia!!! Breves, insuficientes y desactualizadas, esas páginas de papel cebolla y de letra muy pequeña logran el mágico resultado de llenarme de deseos, deseos de caminar por los barrios para confirmar que allí está ese lugar que tantos o tan pocos han visto, de confirmar que ninguna descripción será suficiente para transmitir la esencia de una ciudad o pueblo y de sus gentes, deseo de caminar sobre las huellas de tantas historias ajenas, tantas historias desconocidas.
Cómo era de esperarse, a la hora prevista, impresa en el billete, el tren entró despacio a la estación. MaryCarmen, la señora del asiento 15p, en una llamada que hizo, asumo, para avisarle a alguien que había llegado bien, le informó a quien estaba del otro lado que no sabía por donde habíamos venido, porque ella no reconocía mas que fincas de olivos a lado y lado de las vías. De esta forma respondió, sin saberlo, a una de las preguntas que, como en los viajes familiares por las carreteras de Colombia, me hice al ver esos cultivos uniformes: que serán? Olivos. Y no es poco importante. Hace muchas mañanas aprendí que hay muchas especies de olivas - Picual, Arbequinas - que los aceites se catan como el vino, que hay grandes diferencias entre Españoles y los Italianos, que en Oro Líquido te darán a probar suaves y fuertes … Hace muchas mañanas, aprendí.
Desechando el mapa de la página 266, después de recorrer la estación para comprobar que allí no estaba, decidí hacer al guardia de seguridad la pregunta que marcaba la continuación de mi deliciosa rutina: Donde está la oficina de Turismo?

julio 29, 2008

... Que Lux Aeterna se escribió en una Underwood.

Lo descubrí ayer, cuando retomé la lectura de la novela que tenía suspendida hace ya varios días; y parece ser un hecho clave en la historia. Acababan de pasar el turno 502 a la ventanilla 21 en el dispositivo que distribuía los clientes en la estación de trenes de Atocha, el mío era el 565. Sentado en una de las luchadas bancas de la sala, donde el aire acondicionado apenas es suficiente para amortiguar los 31° exteriores y los cientos de de seres humanos del interior, me encontré de nuevo en una de las situaciones que me ha proviso de mayor disfrute y descanso; Leyendo, mientras espero, mientras descanso.

Podría citar la lectura de El Hippie Viejo de Rolando Hanglin, a orillas del rio de la plata, del lado Uruguayo, mientras esperaba el ferry que surcando el dulce de leche nos llevaría a Buenos Aires; como no citar El Pintor de Batallas de Arturo Perez Reverte, sobre el largo muelle en Puerto Madryn distraído sólo por el mágico y cadente respirar de las ballenas; citar cualquiera de las dos lecturas de Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, en el tren que desde Belgrano me llevaba a la estación Retiro, o en la hamaca blanca colgada en uno de los corredores de Las Nubes, sabiendo a mi madre y mi abuela tras el delicioso olor del café hecho en fogón de leña.

Podría seguir, y me encantaría recorrer de nuevo todas las sensaciones y los recuerdos, que se han convertido para mi en el verdadero valor de la lectura. No quiero distraerlos frente a la pantalla del computador, prefiero invitarlos a sentarse unos minutos en el banco concurrido de un parque o un café de esos que están frente a los edificios de oficinas, allí, mientras el resto del mundo corre, ustedes pueden, con el sencillo paso de una página, entrar en otro que los espera ansiosos, que los recibe y los recibirá siempre dispuesto, cuando cada quien quiera recorrerlo.


Nota al Final Pido excusas a quienes coincidan conmigo, en este momento o en uno futuro en la lectura de la nueva novela de Ruiz Zafón; les aseguro que hay suficiente sustancia en el libro adicional al detalle que acabo de compartir.

julio 22, 2008

... que prefiero los leales a los competentes.

Pascual Montañés, en su clase de Dirección Estratégica nos preguntó si, en nuestros roles de Directores (Jefes, Gerentes, Ejecutivos, Vicepresidentes ...) preferíamos estar rodeados de leales o de competentes.

Me alejo en cierta medida de las definiciones disponibles a primera mano de Lealtad y Competencia como cualidades o atributos, y asocio mas la primera con un Valor o Calidad del ser humano, que existe porque se construye, porque se gana, porque se merece, se recibe y se entrega. Entendiendo que la lealtad es una calidad de la que se es beneficiario / depositario como Director, la prefiero frente al atributo de competencia, pues entiendo que esta, sea técnica, administrativa, funcional, formal o de cualquier otro tipo, se puede adquirir con relativa mayor facilidad. Lo observo también desde el punto de vista de cuan complementarios resultan uno y otro "atributo". La lealtad, una vez construida, tiene dos pilares fundamentales: 1. El respeto de quien es depositario de la misma; respeto por aquello que significa la función de Dirección para sus leales, respeto por la función formativa de la Dirección, por las expectativas que genera, alimenta y construye. 2. El reto que el Director afronta en cuanto a formación y desarrollo de sus leales, dicho de otra forma, en el desarrollo de las competencias de sus leales.
Así las cosas, como Director prefiero contar con la lealtad de quienes me rodean, y acepto encantado el reto de fomentar el desarrollo de sus competencias, potenciar las que ya poseen, y orientarlos en la adquisición de las aquellas que requerimos en el equipo y de la que carecemos.

julio 19, 2008

... que los vallenatos se llevan muy bien con la sangría y el cochinillo.


Debo decir que en estas semanas en Madrid he disfrutado ampliamente de la mezcla de vino tinto, hielo, frutas y, tiempo. Debo decir también, y ustedes ya lo saben, que no soy el mas fanático seguidor de la música vallenata, de hecho, soy casi ignorante en ese sentido. Sin embargo hoy, en el escenario que dispuso la embajada Colombiana en Madrid, en la Plaza Mayor, para adelantar el 1° de los mas de 1000 conciertos por la paz y la libertad, iba preparado con la referencia sobre el autor / intérprete de El Papá De Los Amores (Gracias Sta.!!!); si que conocía la canción, pero no sabía que quien la cantaba era Papá Peter.

La multitud de compratiotas, con banderas, camisetas de la selección Colombia, Junior, América de Cali, Nacional, DIM, y alguna del Deportivo Cuzco, colmábamos los muchos metros cuadrados de la plaza mientras los corresponsales de Caracol, RCN y La W hacían lo posible por pasar de maestros de ceremonias recordando lo que aprendieron en algunas vacaciones en Bosque Chispazos (de seguro todos los preferimos de periodistas). Yo acompañé por un buen rato en medio de la multitud, junto a un grupo que, como era lógico, tenía varias medias de guaro en su haber y respondía de corazón con un viva hijueputa!!! a los Viva Colombia!!!! de Iñaki Berrueta; pero no toda la noche, en algún momento mi cuerpo pedía sentarse, cómodo, y pedía, a gritos, algo de beber. Huí de la multitud para guarecerme en un restaurante típico de plaza turística, donde se come muy bien, pero pagando 3 veces el precio de un lugar donde se comería 3 veces mejor, en fin. El punto es que allí, sentado cómodamente, y mientras bañaba un cochinillo con 2 jarras de sangría muy fría, Peter se ajustó a mi ignorancia y cantó clásicos del vallenato que hasta un ignorante como yo conoce. Clásicos que, en un perfecto maridaje con la clásica combinación de tinto y frutas, me acercaron a los recuerdos de nuestras fiestas y celebraciones. Clásicos que me hicieron prometer que, en la próxima exposición equina, de cualquier grado entre A y Z; en la próxima feria Agro-Equi-Expo-pecuaria en que me encuentre, mi bota estará llena de un nuevo caldo, de los suyos, enriquecido con frutas, de las nuestras.
Tengo que presentar excusas a su doblemente majestad vallenata el Sr. Alfredo Gutierrez que, según entiendo, se presentaba al finalizar la noche. La verdad, el metro de Madrid no tenía conocimiento de la magna presentación y no modificó su horario, así que la opción era volver en el último metro de la línea 1 a casa. Su doble majestad, le ruego me excuse, prometo brindar a su salud en la próxima feria, donde seguro su voz estará de fondo muchas veces.
... que conocí la 2a catedral mas grande de España. (también la 3a, pero de esa no les he contado aún). Y no se si importe, pero igual yo se los cuento.
Ayer, al terminar las clases, tomamos camino hacia Toledo, patrimonio de la humanidad y el mundo mundial, donde nos recibieron cerca de 40° de temperatura, (que parecían muchos mas si consideramos que los aires acondicionados del salón de clases, del tren, de la estación de tren, del autobus, etc, se encargan de mantener a todos sus ocupantes en un microclima apto para conservarse "después de abierto"). Desde su vista lejana la catedral impresiona con su torre clavándose en el azul vivo del cielo. Ya en la entrada, los portales están rodeados por santos y ángeles, allí enclavados hace ya mucho, mucho, mucho tiempo. Adentro, cada detalle, cada uno de los órganos enormes, los elevados e intocables arcos, las esculpidas miradas atentas, y las capillas construidas para eterno descanso de reyes, príncipes, obispos y artistas, dan prueba del poder, la influencia y riqueza de los que iniciaron, y durante mas de 360 años continuaron, su construcción; La Iglesia Católica.

Es grande, relamente grande, y los con los 7 Euros que pagas por entrar no puedes mas que recorrer una pequeña parte y, esto desde muy cerca, observar con admiración de ojo inexperto, algunas obras del El Greco, ilustre artista de esta ciudad.

La ciudad es preciosa, infortunadamente no tuve el tiempo suficiente para recorrerla, a pie, haciendo sombra entre sus muchas calles estrechas. Claro, el tiempo fue suficiente para crear la inquietud y la obligación de regresar, la próxima vez a 1a hora de la mañana, esperando mayores bondades climáticas.

Quería contarles ... eso.