Hace unas noches la conversación sucedió en un lugar diferente. En el sofá de casa, uno frente al otro. Todavía hablamos mucho mientras estamos tirados en la cama, en las horas destinadas a la siesta tras las noticias del medio día, o en las horas, largas horas, antes de dormir. Esta charla, con ocasión de una lectura que me arrancó varias lágrimas, tuvo un matiz diferente. La vi sensible, la vi maestra, la vi experta, la vi cansada. Deseo pasar muchas horas nuevas, no importa el lugar ni el momento, hablando con mi madre.
diciembre 31, 2008
... Que recibí millones de páginas en blanco.
Hace unas noches la conversación sucedió en un lugar diferente. En el sofá de casa, uno frente al otro. Todavía hablamos mucho mientras estamos tirados en la cama, en las horas destinadas a la siesta tras las noticias del medio día, o en las horas, largas horas, antes de dormir. Esta charla, con ocasión de una lectura que me arrancó varias lágrimas, tuvo un matiz diferente. La vi sensible, la vi maestra, la vi experta, la vi cansada. Deseo pasar muchas horas nuevas, no importa el lugar ni el momento, hablando con mi madre.
noviembre 03, 2008
… Que, una vez mas, parado en la fila, me pregunto “qué hago aquí?”.
No recuerdo cual fue la primera vez que me subí a una de estas y por eso no sé si fue o no agradable. Recuerdo, si, algunas veces en que, ejerciendo el claro y evidente poder de decisión sobre subir o no, he decidido intentarlo y tratar de identificar el motivo por el que mucha gente corre para ubicarse rápidamente en un lugar de la fila que le permita sentarse en el primer carrito y gritar mientras levanta sus brazos, o balancea sus piernas sostenidos por unos rígidos anclajes en sus hombros, pecho y cintura. Todas aquellas veces, atendiendo al impulso y ánimo (algunas veces empujones) de el/la/los acompañante(s) he accedido a pararme en la fila para anclarme allí sentado, nunca el primer carrito, y esperar a que la tecnología física y la energía cinética interactúen. El comienzo es lento, siempre, un viaje corto que permite disfrutar de vistas de altura, de sentirse observado por ojos expectantes en cabezas que cada vez se hacen mas pequeñas, un viaje que, en mi caso, nada tiene que ver con los segundos que lo suceden. Las vistas de altura desaparecen porque cierro mis ojos, no consigo abrirlos y sólo consigo gritar insultos contra mi mismo y contra quien está anclado(a) junto a mi y que seguramente grita de emoción con los ojos muy abiertos y sus brazos en el aire. La adrenalina inyectada a gran velocidad y en caída libre no me gusta, no me embriaga, me enferma. Los segundos o minutos del viaje parecen horas, horas que no disfruto y que deseo terminen cuanto antes. Al bajar, pálido, mareado, bañado en sudor frio y con temblores en piernas y manos, camino hacia la salida, empujado por algunos que corren para hacer una nueva fila, para repetir ese viaje.
No, no las he disfrutado y no sé si alguna vez llegue a disfrutarlas. Sólo pido una cosa, no me empujen, yo mismo me ubico en la fila.
octubre 13, 2008
... Que quiero hacer un regalo.
La tarde en que descubrí de nuevo el movimiento de las nubes, y las noches de frio, el abrigo.
Los bosques que añoro, las montañas que admiro y que me miran. Las huellas sobre la hierba de infancia, el olor del campo.
El sol que sonríe, el sueño que dibujaron para mi.
Una flor; sólo una.
El calor de un té que descubre nuevos mundos y que habla de aventuras nuevas, de aventuras viejas.
Los proyectos olvidados, las vías de trenes y el reloj de cada estación, detenido. Mi espera.
El reflejo del espejo y la cama deshecha.
Las páginas pasadas, las que aún no llegan. La historia contada;
… y el silencio, regalo mi silencio.
septiembre 21, 2008
... Que arranqué una hoja a mi cuaderno.
En ese avión quiero recorrer quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y una estrellas. Quiero entrar un bosque de baobabs esquivando a la tropa de elefantes que, uno encima del otro, empiezan a comer las hojas ya antiguas de sus copas. Quiero recorrer el asteroide B 612 de la mano del astrónomo turco, en su traje de astrónomo turco, y antes de partir calentar en uno de sus volcanes el café para mi viaje. Quiero ver miles de rosas en el séptimo planeta, quiero sentir sus espinas, y quiero las orugas y las mariposas. Quiero asistir al ballet de faroleros y ver las puestas de sol cuando mi avión se detenga sobre una montaña color miel. Y quiero, con mi corazón, ver el corazón de muchas personas grandes.
septiembre 12, 2008
... Que quiero ver como el mar se enfría.
agosto 13, 2008
... Que algunas hojas están cansadas.
agosto 03, 2008
... Que en Granada no parecen ser de culos estrechos.
Sólo conozco 3 ciudades de Andalucía, pero creo que son muestra suficiente para concluir que aquí la gente es diferente, y atención, no estoy comparando en ningún sentido de bondad y otros adjetivos, simplemente, diferente. Será por el calor abrasador? Abrazador? por la influencia de los vientos salados? por el alma marinera? Por los siglos de convivencia de otras razas y costumbres? No puedo responderlo, pero por algún motivo, aquí, como en cualquier otro país, la gente de cada región tiene su identidad, y bueno, la Andaluza logró cautivarme.
... Que eran olivos.
A medida que avanzábamos iba descubriendo nuevos paisajes y nuevos pensamientos venían a mi mente, y viejos también. Personajes y personalidades se acercaban a recordarme su existencia, la mayoría aunque no todos, sin reproche evidente. A muchos saludé, con muchos me entretuve por varios minutos, con algunos concluí y con otros acordé conversar de nuevo. A otros tantos ignoré deliberadamente y los invité a abandonarme permanentemente. No les pedí disculpas.
julio 29, 2008
... Que Lux Aeterna se escribió en una Underwood.
Lo descubrí ayer, cuando retomé la lectura de la novela que tenía suspendida hace ya varios días; y parece ser un hecho clave en la historia. Acababan de pasar el turno 502 a la ventanilla 21 en el dispositivo que distribuía los clientes en la estación de trenes de Atocha, el mío era el 565. Sentado en una de las luchadas bancas de la sala, donde el aire acondicionado apenas es suficiente para amortiguar los 31° exteriores y los cientos de de seres humanos del interior, me encontré de nuevo en una de las situaciones que me ha proviso de mayor disfrute y descanso; Leyendo, mientras espero, mientras descanso.
Podría citar la lectura de El Hippie Viejo de Rolando Hanglin, a orillas del rio de la plata, del lado Uruguayo, mientras esperaba el ferry que surcando el dulce de leche nos llevaría a Buenos Aires; como no citar El Pintor de Batallas de Arturo Perez Reverte, sobre el largo muelle en Puerto Madryn distraído sólo por el mágico y cadente respirar de las ballenas; citar cualquiera de las dos lecturas de Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, en el tren que desde Belgrano me llevaba a la estación Retiro, o en la hamaca blanca colgada en uno de los corredores de Las Nubes, sabiendo a mi madre y mi abuela tras el delicioso olor del café hecho en fogón de leña.
Podría seguir, y me encantaría recorrer de nuevo todas las sensaciones y los recuerdos, que se han convertido para mi en el verdadero valor de la lectura. No quiero distraerlos frente a la pantalla del computador, prefiero invitarlos a sentarse unos minutos en el banco concurrido de un parque o un café de esos que están frente a los edificios de oficinas, allí, mientras el resto del mundo corre, ustedes pueden, con el sencillo paso de una página, entrar en otro que los espera ansiosos, que los recibe y los recibirá siempre dispuesto, cuando cada quien quiera recorrerlo.
Nota al Final Pido excusas a quienes coincidan conmigo, en este momento o en uno futuro en la lectura de la nueva novela de Ruiz Zafón; les aseguro que hay suficiente sustancia en el libro adicional al detalle que acabo de compartir.
julio 22, 2008
... que prefiero los leales a los competentes.
julio 19, 2008
Es grande, relamente grande, y los con los 7 Euros que pagas por entrar no puedes mas que recorrer una pequeña parte y, esto desde muy cerca, observar con admiración de ojo inexperto, algunas obras del El Greco, ilustre artista de esta ciudad.
La ciudad es preciosa, infortunadamente no tuve el tiempo suficiente para recorrerla, a pie, haciendo sombra entre sus muchas calles estrechas. Claro, el tiempo fue suficiente para crear la inquietud y la obligación de regresar, la próxima vez a 1a hora de la mañana, esperando mayores bondades climáticas.
Quería contarles ... eso.