septiembre 12, 2008

... Que quiero ver como el mar se enfría.


Recuerdo amaneceres hermosos en los que las montañas entregan el sol; en cada amanecer son las montañas quienes descubren su velo de bruma vertical para dejar que la luz y el calor me cubran. Recuerdo atardeceres hermosos de venados de fuego donde el sol se oculta entre llanuras, o entre las montañas que en la misma mañana lo vieron aparecer frente a ellas, atardeceres hermosos donde el sol se apaga en el agua del mar azul para calentarla y abrigar mis pies helados en la playa.
Pero no recuerdo que el mar me devuelva el sol; las montañas han hecho lo suyo, aunque las nubes densas y la lluvia fría algunas veces traten de impedirlo, cada mañana lo entregan para mi disfrute. En cambio el mar, todas las noches se ha quedado con él, no lo he visto nunca entregar el sol para que el cielo azul lo reciba, no he visto la corona del sol ascender desde el horizonte marino. No recuerdo un cielo clareando mientras el sol lo llena. De cara al mar siempre he visto su partida.
Quiero, un día, tener la oscuridad de las montañas a mi espalda, quedar de pié entre ellas y un azul nocturno que se rinde al fuego solar, quiero que el agua del mar se enfríe de nuevo en mis pies, quiero que la brisa, con un calor nuevo, golpee mi cara y despierte mis sentidos.
Quiero un amanecer frente al mar.

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