“… que la magia es más fuerte que el acero”.
el acero de una armadura usada para cubrir mis sentimientos y mis emociones,
el acero de un yelmo que me impidió entregar y recibir mas besos y que calló mis palabras.
He empezado a entender que mis manos pueden herir si no se desnudan, que han herido.
He empezado a entender que soy yo quien calló mis propios gritos,
y soy yo quien decidirá escucharlos.
He empezado a entender que aún cuando sea mas fuerte,
la magia sólo llegará cuando yo renuncie a mi armadura.
julio 28, 2009
julio 20, 2009
... Que sus ojos conocen hechizos.
Ciego camino por la línea de su espalda
llevado de la mano por el ritmo de sus latidos.
La mudez de sus labios se confunde con mi aliento
y sus manos se atan con mechones de mi pelo.
Sus ojos conocen hechizos
y su piel la magia que cubre mis palabras.
Sus ojos conocen hechizos ... los míos sólo saben rendirse.
llevado de la mano por el ritmo de sus latidos.
La mudez de sus labios se confunde con mi aliento
y sus manos se atan con mechones de mi pelo.
Sus ojos conocen hechizos
y su piel la magia que cubre mis palabras.
Sus ojos conocen hechizos ... los míos sólo saben rendirse.
julio 18, 2009
... Que encendieron para mi la luna.
... Que recibí el sol de las 6:27.
A esa hora y a varios miles de metros de altura recibí el regalo de un instante de colores,De nubes que esquivaban el paso de la luz hiriente,
Del moribundo y distante horizonte de fuego,
De la oscuridad nocturna abriéndose paso a fuerza de sombras,
A las 6:27 recibí el regalo de un recuerdo.
Foto: Atardecer desde mi terraza. Angee García. http://www.flickr.com/photos/ango-/3715057391/
julio 12, 2009
... Que encontré un personaje en mis recuerdos.
Ya no recuerdo cuantos años decía tener, aparentaba varias décadas en su cabeza blanca y su andar pausado; su elegancia me sorprendió, la encontré inoportuna para un vuelo nocturno de 9 horas. Pidió prestado mi teléfono celular tras mirar el pasillo y comprobar que aún quedaban varios minutos antes de cerrar la puerta del avión. Accedí y me pidió que marcara un número, accedí igualmente y le pasé el teléfono. Al colgar, me pidió un nuevo favor, que le alcanzara su equipaje de mano. Empezando a impacientarme, accedí.
Al abrirlo sacó un libro y me lo ofreció: “tu me regalas minutos y yo te regalo arte”.
Elio, editor por amor, acompañó una conversación de varias horas. Recorrí de su mano el camino del café y su llegada a América pasando por puertos mediterráneos de la mano de frailes, soldados y mercaderes. Recorrí en las acuarelas de una Colombiana la presencia de las conchas en señales divinas ancestrales, en peregrinos inmortales, en escudos de armas y en corporaciones actuales. Hablamos de flores, de caballos. Hablamos de Italianos ilustres en Colombia y con orgullo de origen y amor por su patria adoptiva me recordó que fue un Italiano quien compuso la música de nuestro himno, que fue un Italiano el arquitecto del capitolio y otro el cartógrafo de la Gran Colombia.
Viaja, viaja por el mundo y cuando hace frio en Medellín extraña los abrigos que cuelgan en su casa en Italia. Cuando pedí su dirección de correo electrónico para mantener contacto me pidió el libro que tenía en mi mano, tomó su pluma de tinta negra y escribió una dirección que ya parece antigua, Calle … Número …
Al abrirlo sacó un libro y me lo ofreció: “tu me regalas minutos y yo te regalo arte”.
Elio, editor por amor, acompañó una conversación de varias horas. Recorrí de su mano el camino del café y su llegada a América pasando por puertos mediterráneos de la mano de frailes, soldados y mercaderes. Recorrí en las acuarelas de una Colombiana la presencia de las conchas en señales divinas ancestrales, en peregrinos inmortales, en escudos de armas y en corporaciones actuales. Hablamos de flores, de caballos. Hablamos de Italianos ilustres en Colombia y con orgullo de origen y amor por su patria adoptiva me recordó que fue un Italiano quien compuso la música de nuestro himno, que fue un Italiano el arquitecto del capitolio y otro el cartógrafo de la Gran Colombia.
Viaja, viaja por el mundo y cuando hace frio en Medellín extraña los abrigos que cuelgan en su casa en Italia. Cuando pedí su dirección de correo electrónico para mantener contacto me pidió el libro que tenía en mi mano, tomó su pluma de tinta negra y escribió una dirección que ya parece antigua, Calle … Número …
Ahora, mas de un año después, espero que me recuerde al abrir el sobre de papel y mi nota escrita a mano.
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