julio 12, 2009

... Que encontré un personaje en mis recuerdos.

Ya no recuerdo cuantos años decía tener, aparentaba varias décadas en su cabeza blanca y su andar pausado; su elegancia me sorprendió, la encontré inoportuna para un vuelo nocturno de 9 horas. Pidió prestado mi teléfono celular tras mirar el pasillo y comprobar que aún quedaban varios minutos antes de cerrar la puerta del avión. Accedí y me pidió que marcara un número, accedí igualmente y le pasé el teléfono. Al colgar, me pidió un nuevo favor, que le alcanzara su equipaje de mano. Empezando a impacientarme, accedí.
Al abrirlo sacó un libro y me lo ofreció: “tu me regalas minutos y yo te regalo arte”.

Elio, editor por amor, acompañó una conversación de varias horas. Recorrí de su mano el camino del café y su llegada a América pasando por puertos mediterráneos de la mano de frailes, soldados y mercaderes. Recorrí en las acuarelas de una Colombiana la presencia de las conchas en señales divinas ancestrales, en peregrinos inmortales, en escudos de armas y en corporaciones actuales. Hablamos de flores, de caballos. Hablamos de Italianos ilustres en Colombia y con orgullo de origen y amor por su patria adoptiva me recordó que fue un Italiano quien compuso la música de nuestro himno, que fue un Italiano el arquitecto del capitolio y otro el cartógrafo de la Gran Colombia.

Viaja, viaja por el mundo y cuando hace frio en Medellín extraña los abrigos que cuelgan en su casa en Italia. Cuando pedí su dirección de correo electrónico para mantener contacto me pidió el libro que tenía en mi mano, tomó su pluma de tinta negra y escribió una dirección que ya parece antigua, Calle … Número …
Ahora, mas de un año después, espero que me recuerde al abrir el sobre de papel y mi nota escrita a mano.

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