agosto 03, 2008

... Que eran olivos.

Como era de esperarse, el tren salió con puntualidad europea de la estación, y yo, con varios años de retraso, sentía nuevamente el talle de una mochila en los hombros. Destino inicial: Granada.
Así inicié uno de esos viajes que se disfrutan desde sus escasos, casi inexistentes preparativos. Confieso que compré con anticipación los billetes del tren, además, reservé el hotel para todas las noches que pasaría en cada lugar. En estos hechos se hizo evidente que he perdido algo del ímpetu de hace algunos años y que ya no puedo ir tan ligero de equipaje, (también es evidente que mi tarjeta de crédito ha ganado cupo); normalmente, las pocas veces que reservaba el albergue con anticipación lo hacía sólo por una noche, para entonces no sabía cuanto tiempo permanecería en un lugar, no importaba.

A medida que avanzábamos iba descubriendo nuevos paisajes y nuevos pensamientos venían a mi mente, y viejos también. Personajes y personalidades se acercaban a recordarme su existencia, la mayoría aunque no todos, sin reproche evidente. A muchos saludé, con muchos me entretuve por varios minutos, con algunos concluí y con otros acordé conversar de nuevo. A otros tantos ignoré deliberadamente y los invité a abandonarme permanentemente. No les pedí disculpas.
Poco a poco me encontraba de nuevo en una deliciosa rutina adquirida, la única que me permitiría mantener los próximos días, una rutina que me llenó de felicidad extática y que confirmó que no todo estaba perdido. En La Guia Verde, que había comprando un tanto reticente hacía algunas semanas, me fui perdiendo entre los siempre insuficientes mapas, las poco actualizadas secciones de “Donde Dormir: … ” o “ Para Comer: …”, las brevísimas descripciones de historia, costumbres, tiempo, etc. Qué delicia!!! Breves, insuficientes y desactualizadas, esas páginas de papel cebolla y de letra muy pequeña logran el mágico resultado de llenarme de deseos, deseos de caminar por los barrios para confirmar que allí está ese lugar que tantos o tan pocos han visto, de confirmar que ninguna descripción será suficiente para transmitir la esencia de una ciudad o pueblo y de sus gentes, deseo de caminar sobre las huellas de tantas historias ajenas, tantas historias desconocidas.
Cómo era de esperarse, a la hora prevista, impresa en el billete, el tren entró despacio a la estación. MaryCarmen, la señora del asiento 15p, en una llamada que hizo, asumo, para avisarle a alguien que había llegado bien, le informó a quien estaba del otro lado que no sabía por donde habíamos venido, porque ella no reconocía mas que fincas de olivos a lado y lado de las vías. De esta forma respondió, sin saberlo, a una de las preguntas que, como en los viajes familiares por las carreteras de Colombia, me hice al ver esos cultivos uniformes: que serán? Olivos. Y no es poco importante. Hace muchas mañanas aprendí que hay muchas especies de olivas - Picual, Arbequinas - que los aceites se catan como el vino, que hay grandes diferencias entre Españoles y los Italianos, que en Oro Líquido te darán a probar suaves y fuertes … Hace muchas mañanas, aprendí.
Desechando el mapa de la página 266, después de recorrer la estación para comprobar que allí no estaba, decidí hacer al guardia de seguridad la pregunta que marcaba la continuación de mi deliciosa rutina: Donde está la oficina de Turismo?

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