
En libre ejercicio de natural masoquismo serví dos tazas de café.
Bebí la mía… y también la otra.
En libre ejercicio de resistencia y envidia subí el volumen cuando Sabina le cantaba a las putas que fuman, ya sin su vaso de whisky y usando su nariz sólo para respirar,
y Serrat … Serrat sobre el taburete canta al caminante sin camino con envidiables canas y llevando su voz al cielo añorando su profunda brisa de mar.
Levanté el teléfono para hablar al otro lado del océano,
atendieron, compartí alegrías y tristezas
hicimos promesas.
Mientras sonaban las campanas de la iglesia asomé a la ventana,
desde la altura en mi balcón pude ver niñatas entrando a misa,
una morena destapada,
muchas con mas abrigos que sonrisa.
Hoy compraré flores para llenar la sala de casa
me engañaré pensando que tuve el valor para robarlas de un jardín
saltando la verja y huyendo con los gritos de la doña a mi espalda.
Hoy será para mi un amanecer sin fin,
al final de la tarde a las 3 de mañana abriré los ojos nuevamente
y apretando entre mis manos la taza caliente
le hablaré al lascivo recuerdo de su sonrisa
despacio, para que no despierte.
Bebí la mía… y también la otra.
En libre ejercicio de resistencia y envidia subí el volumen cuando Sabina le cantaba a las putas que fuman, ya sin su vaso de whisky y usando su nariz sólo para respirar,
y Serrat … Serrat sobre el taburete canta al caminante sin camino con envidiables canas y llevando su voz al cielo añorando su profunda brisa de mar.
Levanté el teléfono para hablar al otro lado del océano,
atendieron, compartí alegrías y tristezas
hicimos promesas.
Mientras sonaban las campanas de la iglesia asomé a la ventana,
desde la altura en mi balcón pude ver niñatas entrando a misa,
una morena destapada,
muchas con mas abrigos que sonrisa.
Hoy compraré flores para llenar la sala de casa
me engañaré pensando que tuve el valor para robarlas de un jardín
saltando la verja y huyendo con los gritos de la doña a mi espalda.
Hoy será para mi un amanecer sin fin,
al final de la tarde a las 3 de mañana abriré los ojos nuevamente
y apretando entre mis manos la taza caliente
le hablaré al lascivo recuerdo de su sonrisa
despacio, para que no despierte.
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