
Una vez mas llegó la hora de hablar.
Anoche, mientras la chimenea crepitaba y calentaba cuatro pies descalzos
una vez mas, hablamos.
Ayer recibí historias nuevas
con muchas de ellas reimos,
con otras amigablemente discutimos.
y otras... otras aún rebotan en la sala de la casa mojadas de vino y baileys esperando que la sensatez las encuentre y se atreva a enfrentarlas.
Hoy mi madre descansa en casa, cómoda;
sus eternos pies descalzos, igual que los mios, reposan sobre el sofá encantados con el mismo Serrat de hace algunas semanas.
Pronto, nuevamente, espero,
hablaremos de nuevo.
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