El fantasma de su espalda ocupa el otro lado de mi cama.
La miré por largas horas mientras el sueño esquivaba mis ojos,
la soñé cuando decidió entrar en mi pecho.
Fingía, la delató su piel respondiendo al contacto de mis manos, torpes, suyas.
La quiero desnuda, vestida sólo con con mis perjuicios, la quiero cierta.
febrero 24, 2009
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