mayo 02, 2009

Que… she just came in, and didn’t come for dinner.

Atravesó el espacio en pocos pasos, esquivó la mesa pequeña y se ubicó en una con 6 servicios dispuestos, justo en el extremo opuesto.
Su vestir cómodo encajaba perfectamente con el atado de su pelo.
En perfecto español del sur, aunque con la zamba en sus labios, ordenó: “pisco sour, muy dulce”.
Levemente inclinada apoyó los codos en la mesa y su mirada se perdió en la vista de la calle, ya oscura y con pocos ocupantes.
Su reflejo perfecto se instaló frente a mi desde la ventana que tenía en frente.
No habló mas que para obrigar su copa.
No desvié mi mirada al sentirme descubierto por los ojos de su reflejo nocturno y, nuevamente, perfecto.
Hablamos con palabras de vidrio de aliento de alcohol, sin humo de cigarros y sin mas brillo que el de sus ojos azules de inmigrante.
Abandonó el salón sólo tres segundos antes que yo.
Subimos al mismo ascensor y sin mediar mas palabras,
todavía no decidimos cual botón oprimir.

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