Sentado de cara a la entrada de la sala observé la fila ordenada de viajeros.
La lectura (triste) no logra capturarme, y no pasan mas que unos segundos antes de levantar nuevamente la mirada.
Contra lo que ordena el manual del viajero, elegí la última fila, pasillo.
Recorrí lentamente los asientos ocupados, y los vacíos, sin encontrar tu cara.
Uno a uno entraron: turistas, nativos, adultos y adultas, jóvenes y no tanto.
Entraron todos menos tu.
Espero, solo.
junio 18, 2009
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