diciembre 28, 2009

... Que sentado en el cesped cuidado del cementerio agradecí a la vida.

La llovizna empezaba a caer,
en pequeñas dagas diagonales razgaba los rayos vivos del sol.

De pie, frente a mi, mi abuela,
apoyada en su bastón recién recortado, porque cada día está mas pequeña y su cuerpo insiste en recobrar su inicial posición fetal.

Frente a mi, su lápida,
el mármol gris, cubierto con hojas secas,
coronado con flores nuevas.
Descansa allí mi bisabuela, la madre de mi abuela, la abuela de mi madre,
la que en sueños extiende largas filas de fina ropa blanca,

Después de la tumba, sentada y casi al alcance de mi mano, mi madre,
vestida de blanco, mirando al horizonte limpia con sus manos dulces la lápida,
saluda en voz alta a su abuela,
recordandole que esa noche noche, como todas,
la buscará en una oración para pedir consejo.

Ayer, sentado en el cesped cuidado del cementerio,
agradecí a la vida por la oportunidad de dar y recibir esos dos abrazos nuevos,
por haber dado y recibido otros tantos de la mujer que hace ya 9 años descansa bajo el cesped cuidado del cementerio.

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