Muchas veces corrí tras ella,
la perseguí recorriendo arbustos verdes y lastimé mi piel con espinas,
Mi mariposa, esquiva y ligera, se agitaba en el aire dejando vacías mis torpes manos.
Ahora lo entiendo,
he tendido mi mano abierta,
no desespero, espero.
Ella, Mi Mariposa, se acercará si así lo quiere,
se posará lejos, o cerca,
se posará en mi mano,
para que yo la admire,
para que yo la sienta.
agosto 31, 2009
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